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La crisis del euro: de la soberanía económica a la soberanía política

Esta es una semana clave para el futuro de Europa. El 8 y 9 de diciembre el Consejo Europeo se reunirá en Bruselas para discutir, entre otras cosas, la situación económica actual en la zona euro. En avance a esta reunión, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy han almorzado juntos hoy lunes 5 de diciembre en París para finalizar su propuesta conjunta de reforma de la gobernanza económica de esta zona. Entre sus conclusiones figura la propuesta de reformar los tratados de la Unión Europea – sea con acuerdo de los 27 Estados miembros de la Unión Europea o de los 17 que son parte del la Unión Monetaria – para asegurar que al menos los miembros del euro comparten mecanismos de control eficaz de sus balances fiscales. Una Europa diferenciada comienza a dibujarse en el horizonte.

La crisis económica actual es una crisis de la soberanía económica de los Estados. La desregularización de los mercados financieros y el gradual traspaso de autoridad a instituciones económicas internacionales – come el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial – han ido minando los instrumentos tradicionales que el Estado moderno tenía para influir en la actividad económica en el territorio bajo su soberanía. La Unión Económica y Monetaria (UEM) se creo no sólo para extender las libertades económicas base del proceso que nos ha llevado a la Unión Europea, sino también para que los Estados recuperen poder respecto a este fenómeno de degradación de su autoridad. La crisis actual pone en evidencia el sistema que se construyó para tal fin, y ya se empieza a hablar del fin del euro. Sería un error pensar que si esto ocurriera sería volver a la situación anterior, pues después de probar y fallar, la institución del Estado-Nación saldría seriamente dañada. Estamos en frente no sólo de una crisis económica, sino también una crisis política.

Desde el principio de la construcción de la UEM, algunas voces han llamado a que se acompañara de una verdadera Unión Política. Éste era en parte el fin de la Constitución Europea, un proceso que debía ayudar a la mejora del sistema de gobierno de una Unión Europea ampliada a 27 o más miembros. Sin embargo, el proceso de “constitucionalización” (o “semi-constitucionalización”, como algunos prefieren) fue rápidamente capturado por los representantes de los Estados Miembros que temían una deriva fuera de su control, lo que desemboco en un simple proceso de reforma con el Tratado de Lisboa. Según varios autores, la falta de mecanismos políticos más integradores que los actuales ha dejado la UEM con pocos instrumentos de convergencia y control que hubieran evitado muchos de los problemas actuales de la zona euro. Si esto es cierto, la reformas que Merkel y Sarkozy quieren llevar a cabo podrían tener un efecto positivo en resolver la actual crisis. Esto significaría, en una aparente paradoja, que los Estados conseguirían transferir parte de su soberanía económica y política a la Unión Europea para poder conservarlas.

Otra posible realidad es que el proceso de degradación de la soberanía económica y de la soberanía política del Estado-Nación va más allá de la crisis actual. Es un proceso irreversible que empezó hace décadas causado por la emergencia de actores económicos y políticos fuera del control de la autoridad estatal que poco a poco han ido minándola hasta independizarse. Esto es cierto en el caso de las entidades financieras, grandes corporaciones y organizaciones internacionales. Si bien estas últimas aún dependen de los Estados, con el tiempo han ido adquiriendo vida propia. Si bien las grandes corporaciones aún tienen una base territorial en un Estado, el proceso de globalización ha permitido una descentralización brutal de sus actividades y sus recursos, dejándolas fuera del control efectivo de los Estados. Y si bien las entidades financieras coexisten con una espada de Damocles en la forma de re-regularización del mercado financiero, su poder actual es tal y su influencia en la política del Estados tan grande que es difícil hoy en día saber quien regula a quien – muestra de ello es la composición de los nuevos gobiernos en Italia y Grecia.

Entre estas dos realidades, aparentemente los Estados europeos se encuentran entre un proceso a varias velocidades de profundización de la integración que (muy) teóricamente podría permitir una regulación efectiva de la UEM en la Unión Europea, y una dinámica de degradación gradual de su soberanía política y económica que dejaría la instituciones que han permitido su control de un territorio y población vulnerables a intereses particulares ¿O hay más realidades más allá de esta dicotomía? ¿Podríamos pensar en estructuras políticas democráticas más allá del Estado-Nación? ¿Existe hoy en día un proceso activo de construcción de una gobernanza en Europa en esta dirección? ¿Qué efecto tendría este proceso en el proceso de integración europea?